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Efectos psicológicos de la violencia de género

Efectos psicológicos de la violencia de género

Los efectos psicológicos de la violencia de género son un componente de la respuesta de las mujeres ante el maltrato que son importante considerar como respuesta al trauma.

Para evaluar correctamente los efectos psicológicos de la violencia de género es necesario tener en cuenta:

  • Los cambios cognitivos de la mujer maltratada.
  • Los indicadores de malestar o disfunción psicológica (ej. miedos, ira, depresión, abuso de sustancias…).
  • Los problemas de relación social por falta de confianza en los demás, miedo a la intimidad, ….
  • Trastornos depresivos, ansiedad, trastornos de conducta alimentaria, síndrome de la mujer maltratada.

 

Ansiedad

La violencia repetida e intermitente, entremezclada con períodos de arrepentimiento y de ternura, suscita una ansiedad extrema y unas respuestas de alerta y de sobresalto permanentes.

La percepción de la amenaza incontrolable a la vida y a la seguridad personal provoca una sensación de temor continuada, dificultades de concentración, irritabilidad y un estado de hipervigilancia. Así mismo, la víctima experimenta trastornos del sueño, pesadillas y pensamientos obsesivos en relación con el maltrato y el maltratador.

Es muy habitual frases como “Cuando oigo la puerta empiezo a temblar”, “Cuando él está en casa no me atrevo a hacer nada por miedo a que se enfade”, “Todo el día estoy pensando en este problema, no puedo concentrarme en otra cosa, incluso tengo pesadillas”.

Trastornos depresivos.

Cuando la mujer está inmersa en el círculo de la violencia cree que la conducta de su pareja depende de su propio comportamiento, se siente responsable e intenta una y otra vez cambiar las conductas del maltratador. Sin embargo, cuando observa que sus expectativas fracasan de forma reiterada, desarrolla sentimientos de culpabilidad y de fracaso. Además, se siente culpable por no ser capaz de romper con la relación y por las conductas que ella realiza para evitar la violencia: mentir, encubrir al agresor, tener contactos sexuales a su pesar, tolerar el maltrato con los hijos, …

Ejemplos de estos sentimientos de culpa son “Mi marido es agresivo conmigo, pero yo no hago lo suficiente para evitarlo”, “Mi marido tiene razón, no sé hacer nada bien, ni hablar correctamente y es mejor que esté callada”, “Esto no tiene solución, ya no tengo fuerzas para luchar, nada me importa”, “A veces pienso en quitarme la vida, pero no tengo valor para hacerlo… mis hijos”,

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Aislamiento social

La vergüenza social y los límites que el propio maltratador establece para evitar contactos con la familia y con los amigos, provoca una disminución del refuerzo y de las acciones que lo provocan en general. De este modo, la víctima depende de su pareja como única fuente de refuerzo social y material, quien, a su vez, aumenta progresivamente el control sobre ella. En estas circunstancias, se siente más vulnerable ante la sociedad y se cronifica el miedo a enfrentarse a un futuro que percibe como incierto y peligroso.

En este contexto es típico escuchar “Mi marido se enfada cuando mi familia me llama”, “No puedo hablar con amigos porque él dice que me meten malas ideas en la cabeza”, “Prefiero estar sola para que nadie sepa lo que me pasa”, “Nadie lo entiende”.

Trastornos psicosomáticos

La violencia de género mantenida a lo largo del tiempo, provocan en la víctima diferentes tipos de trastornos psicosomáticos como dolores de cabeza, caída del cabello, pérdida del apetito, ansiedad crónica, fatiga, problemas intestinales, alteraciones menstruales, etc.

Son bastante frecuentes y habituales las visitas al médico de atención primaria para consultar estas dolencias mientras ocultan la verdadera causa que las provocan. En la consulta de estos profesionales es fácil encontrar explicaciones iguales o parecidas a éstas: “Siento tanta presión en el pecho que a veces parece que me voy a ahogar”, “Cuando oigo la puerta todo mi cuerpo se altera”, “Cuando él se enfada me late tan rápido el corazón que creo que me va a dar un ataque”, “Me siento tan mal que ya ni como ni duermo y me siento débil y enferma”.

Trastornos sexuales

En una situación de violencia de género, es habitual que una mujer pierda todo el interés por el sexo y sienta rechazo hacia las relaciones sexuales. Cuando se producen agresiones sexuales dentro del matrimonio se pueden originar disfunciones sexuales tales como la anorgasmia (pérdida del orgasmo) o el vaginismo (contracción involuntaria de los músculos de la entrada de la vagina que impide la penetración).

En este sentido son muy habituales los sentimientos de asco o repulsa por los hombres en general, que se ve traducido en afirmaciones como “Todos los hombres son iguales, sólo piensan en ellos”, “Siento asco hacia los hombres y hacia el sexo”, “Nunca volveré a disfrutar en una relación sexual”, “Pensar en mantener relaciones sexuales con otra pareja me produce temor, es como si fuera incapaz de sentir”.

Síndrome de la mujer maltratada

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Se define el síndrome de la mujer maltratada, como una adaptación a la situación adversa, caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación que generan un cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo. Las víctimas de violencia de género, quedan reducidas a un estado de indefensión aprendida.

El estado de indefensión aprendida es un síndrome se caracterizado por la asunción por parte de la mujer su propia incapacidad para eliminar la conducta violenta del agresor, lo que, en el contexto de una autoestima baja, acaba transformándose en la idea de merecer las agresiones de éste.

La baja respuesta conductual generada por la falta de éxito de las acciones y trucos que la mujer cree efectivos para evitar o disminuir la conducta violenta de su pareja y, tras comprobar que ninguna es útil, acaba abandonando cualquier intento, aceptando pasivamente la conducta agresiva del otro. Esta actitud además contribuye a aminorar su sensación de culpa y de sufrimiento (parcialmente sustituido por la indiferencia aparente). Esta baja respuesta conductual se acompaña de la convicción de la víctima de que el control de la situación le es ajeno y externo a ella misma.

Existen ocasiones, sobre todo en fases avanzadas, en que los mecanismos de adaptación hacen que la víctima no sólo crea ser merecedora de la agresión, sino que incluso justifica al agresor, llegando a producirse un identificación con el agresor, lo que dificulta la intervención externa.

Debido a la aparición de estos efectos psicológicos durante la intervención externa en un caso de violencia de género, es importante que las personas que dirigen esta intervención tengan los conocimientos y experiencia suficientes para saber como manejar las distintas situaciones que pueden generarse. Por eso, en Peritos Expertia disponemos de Peritos en Violencia de Género con gran experiencia en estas intervenciones colaborando además como peritos judiciales en las causas de violencia de género.

1 Comentario

  1. Adara 2 años hace

    Gracias por tu articulo. Reciba un cordial saludo.

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